Educación para la salud.
Podemos definir la educación para la salud como el proceso de educación permanente que se inicia en los primeros años de la infancia orientado hacia el conocimiento de sí mismo en todas sus dimensiones tanto individuales como sociales, y también el ambiente que le rodea en su doble dimensión, ecológica y social, con objeto de poder tener una vida sana y participar en la salud colectiva. (Perea Quesada, R. 1992)
La educación para la Salud, entendida como instrumento de promoción de la salud individual y comunitaria, implica la superación de los modelos prescriptivos y conductuales y se sitúa en un enfoque integral, combinando estrategias interrelacionadas que se potencien entre sí, metodologías globalizadoras e interdisciplinares, y diversidad de recursos y técnicas. Se trata de conseguir que la población:
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Sea cada vez más autónoma en el cuidado de su salud. Favoreciendo tanto el autocuidado como la relación de ayuda.
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Adopte estilos de vida más saludables
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Esté dispuesta a implicarse individual y colectivamente en la transformación del entorno natural y social, con el fin de crear condiciones más sanas para todos y todas.
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Aunque la educación para la salud tiene una función preventiva y correctiva que exige por parte de la persona, la familia y otros grupos sociales los conocimientos necesarios para la prevención de ciertas enfermedades, su principal finalidad no está en evitar la enfermedad, sino en promover estilos de vida saludables; tiene un sentido positivo de ayuda y potencialización de la persona para la participación y gestión de su propia salud y poder desarrollarse en un proceso de salud integral.
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Los hábitos saludables no son consecuencia de una serie de conductas independientes, sino que están insertos en un contexto o entramado social formando unos determinados estilos de vida, por lo que las estrategias educativas y los objetivos de cambio en la educación para la salud deberán dirigirse al conjunto de comportamientos y a los contextos donde se desarrollan, ya que resulta dificil que se produzca una modificación de la conducta si al mismo tiempo no se promueven los cambios ambientales adecuados.
Parece claro que la educación para la salud tiene como principal finalidad la mejora cualitativa de la salud humana, como un entramado de comportamientos que forman los estilos de vida; debe orientarse no sólo al cambio de factores nocivos del contexto, sino también a sus propios hábitos y tendencias.
La primera célula de la socialización es la familia, por lo que es en ella donde debe iniciarse. La escuela también tien una función importante, así como otras instituciones del ámbito laboral y comunitario, ya que la salud implica una responsabilidad individual y social, donde la participación activa de todos los miembros se hace necesaria para la resolución de los problemas, en función con las necesidades de cada grupo en su determinado contexto.
Las tres piedras angulares de la Educación para la Salud son:
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las relaciones
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el cuidado de sí mismo, y
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la participación y compromisos adquiridos con el entorno y la comunidad.
Hasta aquí hemos hecho un recorrido muy breve por lo que significa la salud y de qué manera es posible contribuir, a través de la Educación para la Salud, a facilitar opciones saludables. A continuación vamos a profundizar en cuestiones que, por distintas razones, están estrechamente vinculadas a la salud y que son o pueden asociarse a hábitos no saludables:
• Consumo de alcohol, tabaco y drogas de síntesis.
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Higiene y alimentación.
• Sexualidad: prevención de Enfermedades de Transmisión Sexual y embarazos no deseados.
• Infección por V.I.H. y Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida.
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Trastornos de la conducta alimentaria
Es evidente que éstos no son los únicos temas a los que prestar atención, pero la realidad de nuestra sociedad hace necesario abordarlos con un poco más de detenimiento en el marco global de la Educación para la Salud.
El entorno social, los hábitos y las costumbres sociales tienen una gran influencia en los comportamientos sobre la salud. Y dentro del entorno, los grupos con los que habitualmente nos relacionamos, sobre todo la familia y los amigos y amigas, actúan como modelos y nos inclinan a mantener determinadas conductas, en muchas ocasiones sin que nos demos cuenta. El trabajo en este caso ha dirigirse a que se analice:
• Cuáles son los valores y los comportamientos de su entorno relacionados con la salud.
• De qué forma se transmiten esos valores y comportamientos.
• Cuáles son los mecanismos que tiene el entorno social para influir en nuestra propia conducta: la
publicidad, la moda…
• Cómo pueden influir las personas que tenemos más cerca (la familia, los amigos y amigas…) en nuestra forma de comportarnos: con su propia conducta, a través de bromas y comentarios, etc.
• Cómo se traduce esa influencia en nuestra propia conducta.
Todo ello para avanzar en la dirección de contrarrestar la inercia que muchas veces nos lleva a adoptar hábitos no saludables simplemente por el automatismo social, porque “todo el mundo lo hace”.
En el entorno social, en el “boca a boca” suelen existir estereotipos, informaciones sesgadas o erróneas y mitos referidos a diferentes cuestiones relacionadas con la salud. En este sentido habrá que facilitar que los destinatarios profundicen y tomen conciencia acerca de:
• Cuáles son sus informaciones, qué conocen acerca del tema con el que se está trabajando.
• De dónde proceden esas informaciones, cómo han accedido a ellas, hasta qué punto son realmente fiables.
• Qué peso tienen esas informaciones en el comportamiento propio.
• La dirección en la que hay que avanzar es la de contrarrestar la desinformación y desmontar las creencias erróneas o infundadas que puedan existir, aportando información y analizando la realidad desde diferentes puntos de vista.
En ocasiones, la práctica de la Educación para la Salud se reduce a transmitir a los destinatarios una información, más o menos exhaustiva, en relación con una enfermedad o un hábito no saludable. Es cierto que a veces las condiciones de trabajo no permiten ir más allá, pero conviene tener presente que los resultados que se pueden esperar de esta estrategia son limitados. La información por sí sola no tiene peso suficiente para generar y cambiar una conducta.
La información ha de plantearse como parte de un proceso más amplio, dirigiéndola a incrementar la motivación hacia la salud. Siempre que se utilice la información, ésta ha de ser creíble, veraz, no sensacionalista y, sobre todo, planteada de forma que resulte cercana a la realidad de los jóvenes y a aquellas cuestiones que más les interesan.
Aunque casi siempre pensamos que nuestra forma de comportarnos tiene que ver con lo que pensamos y con nuestras opiniones, los elementos afectivos, como nuestros valores y actitudes, tienen también un peso importante en nuestra conducta. En este área, el trabajo con los ciudadanos ha de dirigirse a:
• Analizar los propios valores y actitudes respecto a la idea de salud o a una conducta de riesgo concreta.
• Identificar en qué medida se contempla la posibilidad de tener problemas o dificultades derivadas de hábitos no saludables.
• Contrastar las consecuencias positivas y negativas de los hábitos no saludables y enfrentar el resultado de este contraste con los riesgos asociados.
A la vista de todo lo anterior, identificar la propia posición ante diferentes opciones saludables y no saludables. Todo ello para avanzar en la dirección de identificar aquellos aspectos, aquellos centros de interés relacionados con los hábitos saludables que puedan resultar más atractivos para los ciudadanos, y también de clarificar el riesgo asociado a las conductas no saludables, desmitificándolo para que no actúe como un elemento de atracción.
Casi siempre las personas con las que trabajamos tendrán unos hábitos adquiridos en los que, probablemente, se combinarán opciones saludables con la práctica de conductas no saludables porque, como ya dijimos, la salud no es “todo o nada”. En este sentido se puede favorecer que aprendan de su propia práctica facilitando que:
• Analicen cuáles son sus hábitos saludables y no saludables.
• Identifiquen cuáles son los motivos de haber adoptado unos y otros hábitos.
• Recuperen situaciones en las que optaron por una conducta no saludable y profundicen en: qué esperaban de esa conducta, cuáles fueron sus resultados, en qué medida estaban actuando de acuerdo a sus propios criterios.
• Contrasten las consecuencias de seguir manteniendo esa conducta con las de una opción saludable que pudieran mantener la próxima ocasión que se encuentren en una situación similar.
De esta manera se puede contribuir a que no se mantengan determinadas conductas no saludables simplemente por la inercia del “lo hago siempre así”.
Incorporar y mantener conductas y hábitos saludables significa, en muchos casos, ir contra corriente ya sea de la mayoría social o de las personas que tenemos más cerca. Por ello es fundamental trabajar en la dirección de promocionar y reforzar todas las habilidades relacionadas con la capacidad de expresión y comunicación, la relación interpersonal, la colaboración, la afirmación personal, el autoconocimiento y la confianza en las propias capacidades, etc. Este proceso puede plantearse tanto a través de actividades grupales referidas específicamente a la salud como de otras actividades que se realicen habitualmente.
Dentro de los recursos personales hay un aspecto que necesita una especial atención: la toma de decisiones. Muchas de las conductas que entrañan riesgos para la salud, tanto individual como colectiva, son el resultado de decisiones inconscientes en las que las presiones externas pesan más que los propios planteamientos. Por ello, es muy importante que:
• Tomen conciencia de cuáles son las situaciones en las que, con frecuencia, se deciden comportamientos relacionados con la salud; muchas de estas situaciones ni siquiera se reconocen y en ellas se actúa de forma automática.
• Analicen qué presiones reciben para, en una situación concreta, elegir o no una opción saludable.
• Identifiquen las consecuencias positivas y negativas de una decisión.
• Reproduzcan situaciones en las que interviene la decisión de elegir una opción saludable.
Todas estas áreas están relacionadas entre sí. Desarrollar en mayor medida una que otra dependerá del enfoque con el que estemos trabajando, especialmente si nos hemos centrado en determinados hábitos no saludables.