¿A qué son debido sus miedos?
22.11.2013 20:22
Es importante que hablemos de los miedos y manías que afectan a los/as menores en mayor o menor medida, los padres y las madres ya que, desde que sabemos de la existencia de nuestro bebé andamos miedosos y frecuentemente nos ponemos ansiosos por saber cómo será, si estará bien, etc. Cuando nacen esos miedos los cambiamos por otros, ya sabéis, que coman bien, que estén sanos, las relaciones que tendrán etc.
Nuestros/as menores pasan por fases de miedos al igual que los adultos. El miedo es una reacción normal de adaptación del cuerpo que surge cuando nos enfrentamos a determinadas situaciones que suponen una amenaza para nuestro bienestar físico o psicológico.
Las manias son hábitos adquiridos que tienen como objetivo reducir la ansiedad que alguna situación puede provocarnos.
Las reacciones ante el miedo que tienen los niños/as son las mismas que puede mostrar cualquier adulto/a; lo que varía es la intesidad de la respuesta. Por ejemplo, cuando un niño/a con miedo a los perros vea uno, se pondrá a llorar, se agarrará al padre o a la madre, gritará o pedirá que lo cojan en brazos, mientras que un adulto en la misma situación huirá del lugar donde se encuentra el animal.
El miedo provoca una reacción de ansiedad que se manifiesta, igual que cualquier emoción, en tres niveles:
NIVEL COGNITIVO: El pensamiento sobre la situación o el estímulo es decisivo para sentir miedo. Si al ver un perro un individuo piensa que es peligroso, que seguro que se va a abalanzar sobre él y le vá a morder, es normal que tenga una reacción de miedo. Pero si los pensamientos son neutros o positivos, seguramente no reaccionará con temor. Las experiencias previas, ya sean propias o ajenas, son, en cierta medida, responsables de nuestros pensamientos hacia las diferentes situaciones.
NIVEL FISIOLÓGICO: Un niño/a con miedo puede manifestarlo de diferentes formas físicas: temblores, sudoración, llanto, naúseas, urgencia para dormir, aceleración cardiaca, sequedad de boca, tensión muscular, etc.
NIVEL MOTOR: El niño/a puede gritar, evitar la situación o el estímulo que le provoca miedo, salir corriendo o mostrarse irritado, iracundo o agresivo.
Como hemos visto es normal que el niño/a, a lo largo de su desarrollo, tenga algún tipo de miedo pasajero. La actitud de las personas que le rodean es importante para evitar que se agrave el temor y desemboque en alteraciones como la fobia.
Por ejemplo, muchas veces, para evitar que el/la menor se exponga a un riesgo, los padres o las madres lo cogen en brazos cuando se cruzan con un gato, lo que lleva a suponer que realmente existe un peligro.
En otros casos los padres y las madres se muestran molestos e incluso se enfadan con su hijo/a por sus miedos a cosas inofensivas: "Eres un cobarde, ¿no ves que no hace nada?" Con esto lo único que se consigue es que el niño/a muestre mayores reacciones de temor. Lo recomendable es mantener siempre un diálogo de confianza con el pequeño/a para que pueda expresar sus miedos y ayudarle a darse cuenta de que son infundados: "¿Qué te da miedo del gato? Sólo saca las uñas si está enfadado y ahora no las ves y puedes acercarte y jugar con él. Mira, es suave".
A veces, se utiliza el miedo como método educativo. Algunos papás y mamás creen que la única de conseguir que el niño obedezca es atemorizarlo: "Te voy a llevar al médico si no comes", "Si no te duermes, vendrá el coco", "si no te tomas el jarabe, tendrán que pincharte". Este tipo de amenazas se emplean con el fin de lograr ciertos comportamientos del niño/a y es posible que a corto plazo funcionen, pero a la larga su eficacia es más que dudosa.
Algunas de las pautas que podemos seguir para ayudarlo/a a superar los miedos son:
- No ridiculizarlo
- Entender su miedo y ponerse en su lugar.
- Tranquilizarlo.
- No utilizar el miedo como pauta educativa.
- Demostrarle con la propia actitud que realmente no pasa nada.
- Tener paciencia.
- No obligarle a que senfrente a los estímulos que le provocan miedo de forma directa.
- No mentirle sobre sus temores.
EDUCADORA A DOMICILIO.
Nuestros/as menores pasan por fases de miedos al igual que los adultos. El miedo es una reacción normal de adaptación del cuerpo que surge cuando nos enfrentamos a determinadas situaciones que suponen una amenaza para nuestro bienestar físico o psicológico.
Las manias son hábitos adquiridos que tienen como objetivo reducir la ansiedad que alguna situación puede provocarnos.
Las reacciones ante el miedo que tienen los niños/as son las mismas que puede mostrar cualquier adulto/a; lo que varía es la intesidad de la respuesta. Por ejemplo, cuando un niño/a con miedo a los perros vea uno, se pondrá a llorar, se agarrará al padre o a la madre, gritará o pedirá que lo cojan en brazos, mientras que un adulto en la misma situación huirá del lugar donde se encuentra el animal.
El miedo provoca una reacción de ansiedad que se manifiesta, igual que cualquier emoción, en tres niveles:
NIVEL COGNITIVO: El pensamiento sobre la situación o el estímulo es decisivo para sentir miedo. Si al ver un perro un individuo piensa que es peligroso, que seguro que se va a abalanzar sobre él y le vá a morder, es normal que tenga una reacción de miedo. Pero si los pensamientos son neutros o positivos, seguramente no reaccionará con temor. Las experiencias previas, ya sean propias o ajenas, son, en cierta medida, responsables de nuestros pensamientos hacia las diferentes situaciones.
NIVEL FISIOLÓGICO: Un niño/a con miedo puede manifestarlo de diferentes formas físicas: temblores, sudoración, llanto, naúseas, urgencia para dormir, aceleración cardiaca, sequedad de boca, tensión muscular, etc.
NIVEL MOTOR: El niño/a puede gritar, evitar la situación o el estímulo que le provoca miedo, salir corriendo o mostrarse irritado, iracundo o agresivo.
Como hemos visto es normal que el niño/a, a lo largo de su desarrollo, tenga algún tipo de miedo pasajero. La actitud de las personas que le rodean es importante para evitar que se agrave el temor y desemboque en alteraciones como la fobia.
Por ejemplo, muchas veces, para evitar que el/la menor se exponga a un riesgo, los padres o las madres lo cogen en brazos cuando se cruzan con un gato, lo que lleva a suponer que realmente existe un peligro.
En otros casos los padres y las madres se muestran molestos e incluso se enfadan con su hijo/a por sus miedos a cosas inofensivas: "Eres un cobarde, ¿no ves que no hace nada?" Con esto lo único que se consigue es que el niño/a muestre mayores reacciones de temor. Lo recomendable es mantener siempre un diálogo de confianza con el pequeño/a para que pueda expresar sus miedos y ayudarle a darse cuenta de que son infundados: "¿Qué te da miedo del gato? Sólo saca las uñas si está enfadado y ahora no las ves y puedes acercarte y jugar con él. Mira, es suave".
A veces, se utiliza el miedo como método educativo. Algunos papás y mamás creen que la única de conseguir que el niño obedezca es atemorizarlo: "Te voy a llevar al médico si no comes", "Si no te duermes, vendrá el coco", "si no te tomas el jarabe, tendrán que pincharte". Este tipo de amenazas se emplean con el fin de lograr ciertos comportamientos del niño/a y es posible que a corto plazo funcionen, pero a la larga su eficacia es más que dudosa.
Algunas de las pautas que podemos seguir para ayudarlo/a a superar los miedos son:
- No ridiculizarlo
- Entender su miedo y ponerse en su lugar.
- Tranquilizarlo.
- No utilizar el miedo como pauta educativa.
- Demostrarle con la propia actitud que realmente no pasa nada.
- Tener paciencia.
- No obligarle a que senfrente a los estímulos que le provocan miedo de forma directa.
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